Ceferino Madero Madero

Ceferino maderoAnte los 50 años de la Fundación del Instituto San Fulgencio, quiero decir que la mayor parte de mi vida la he pasado en el mismo.

En el año 1965 entré como alumno de 1º Bachiller, y durante los seis siguientes años hice los 6 cursos de Bachiller y el 1º C.O.U., que se instauró sustituyendo al P.R.E.U.

En este instituto aprendí a amar la Historia, que sería la especialidad de Magisterio que posteriormente haría. Aquellos años fueron sin lugar a duda los mejores de mis años escolares, tanto por las amistades que creé, como por los fabulosos profesores que pasaron por mi vida, dejando huellas que me marcaron en muchos sentidos.

Pepita de la Fuente, fue mi profesora que marcó por primera vez ese amor por la historia tan hermosa que ya no me abandonaría en toda mi vida. Con aquel famoso álbum de la Historia del Arte que haríamos y del que llegué a encuadernar varios tomos, dejándolo inconcluso en la parte del Barroco hasta el siglo XX (sin encuadernar, pero los folios aún están guardados en mis armarios).

La lengua y Literatura que Isabel López Vazcuñana me inculcó no se me olvidará nunca.

También hay personas que, no porque dieran asignaturas un poco fuera del contexto como la Formación del Espíritu Nacional, dejaron una impronta en mi persona, no solo por la calidad de la persona que la impartía, sino por los valores que nos transmitía de compañerismos, familiaridad, etc, como fue D. Joaquín de Soto Ceballos .

Los 4 primeros años del Bachiller las clases eran, los alumnos por un lado y las alumnas por otro. Ya en el Bachiller Superior las pusieron mixtas.

El amor por el latín no solo se debió al buen hacer de Argelina González, sino también al cariño de Pepe Guzmán con su peculiar forma de enseñarnos la gramática. Todos en coro y si sabías la respuesta pasabas adelante y si no hacia atrás.

En el arte de traducir los latino y griegos, Argeli y Javier Ares tuvieron mucho que ver en el gran amor que le profesé a las Lenguas Clásicas.

En las Lenguas Clásicas caí y no me arrepiento para nada, tras huir de las Matemáticas de Dª Carmen Ferrer, que me hacía pasar canutas con su asignatura, aunque aprendí mucho de ella porque era una buena profesora con una manera particular de dar las clases, que a mí no me convenció.

En C.O.U. me volví a encontrar con las Matemáticas de Federico Madero y que alegría me volvía a dar.

Podía estar escribiendo un montón de folios y no terminaría nunca, solo quiero transmitir en estas letras mi agradecimiento tanto al Instituto como a los Profesores que pasaron por mi vida y recordar el montón de amigos y compañeros que pasamos por aquellas aulas.

Por último y para no cansaros, quiero decir que me he pasado en el instituto casi toda mi vida, pues aún hoy en el 2014 estoy prejubilado en él y trabajando hasta enero 2015.

El San Fulgencio ha sido sin lugar a dudas parte de mi vida, ya que he pasado como he dicho, en sus aulas 7 años estudiando y 32 años trabajando en él como personal no docente.

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